martes, 14 de febrero de 2012

GENTE CORRIENTE


Elisa en el supermercado
Vaya nochecita de pesadillas con mi amiga Brenda. Por lo de ayer, que la vi besándose con uno en la Gran Vía. Tuve que pasar dos veces ante la cristalera del bar. No me lo podía creer. Porque con Eduardo hace una pareja estupenda. A lo mejor el del beso es pariente suyo... Parecía extranjero también. Los extranjeros son muy raros. Pero Brenda ya casi es española. Y casada. Ay, madre. Menos mal que no me vieron. A ver, el detergente de pastillas, el verde. No haberme comentado nada, con lo amigas que somos. ¿Se le habrá ido la cabeza? Dicen que le puede pasar a cualquiera. Después de comer la llamo. A ver qué cuenta. Aún cabe la remota posibilidad de que me haya confundido. Hay personas casi exactas... Me acabo de equivocar otra vez con el detergente.

Tom en la oficina
Tengo que estudiar la documentación nueva. Y no me quito de la cabeza a Brenda. Lo de quedar ayer en un bar fue un error. Menos mal que no se ha enterado la Oficina. Pero, dos años sin verla. Cada vez la extraño más.
Cuando la conocí en Londres, tenía otro nombre. Rubia, lista y tranquila. Vivía en un apartamento diminuto, junto a aquél lleno de estudiantes árabes que iban y venían. Por eso, tras el atentado del metro, la policía la incorporó a un programa de protección de testigos. Con nueva identidad y trabajo en España, donde un tal Eduardo accedió a hacerse pasar por su marido. Pero tú y yo nos queríamos, Brenda. Fuimos incapaces de decirnos adiós. Tantos años viéndonos en secreto... Que distinto podría haber sido.

Elisa en casa
La mesa, recogida y el lavavajillas, puesto. Llevo veinte vueltas al salón. Este, roncando en el sofá. No me atrevo a llamar a Brenda. Es como meterme en su vida privada. Igual todo son figuraciones mías. Cómo de malo puede ser darle un beso a alguien. Yo misma… Quita, quita. Ahora éste abre un ojo, mira el reloj y da un brinco. Al momento sale del baño con el pelo planchado y ojos abotargados. Roza mi nariz con un dedo y desaparece. Ya estoy sola. Brenda también estará sola. Vale, ahora sí que la llamo.

Brenda y Elisa
—Hello, guapa, qué tal
—Bien… Brenda, ¿qué me cuentas?
—Pues, nada de particular
—Brenda… que…
—¿Pasa algo, guapa?
—Bueno, pues… que ayer te vi.
Silencio
—Brenda, que te vi. Que eras tú, en el “Habana” de la Gran Vía
—En la… estabas tú ayer en la Gran Vía
Elisa se envalentona
—Pues claro, hombre, como si no pudiera estar. Iba al Corte a por los chandals —Explota:—Vamos, que te vi con ese tío. Ya está. Y lo besabas.
Otro silencio, más prolongado.
—Sí, guapa, era yo. Con un amigo, gran amigo. Y no hacíamos nada malo
—¡Si te parece poco besarte con un tío mientras Eduardo trabaja!
—Elisa, dejemos el tema, que no es para teléfono. Lamento que hayas visto algo que no te gusta, pero a veces tras lo que se ve hay
—¡Vale, vale, pues eso quiero, que me digas lo que hay! Yo siempre te lo he contado todo
Brenda sonríe.
—Nuestra amistad no tiene nada que ver con esto. Al menos no por mi parte. Ya hablaremos, Elisa
—Bueno… ¿de veras? Pues vale, nada, no te preocupes. No, si yo no
—Venga, el sábado quedamos a desayunar. Bye, guapa.

Brenda en casa
Así que Elisa estaba ahí, justo en ese momento. Es como una señal. Una señal de que tengo que terminar con Tom. O con Eduardo. No, con Eduardo no. Nos llevamos muy bien. Y me quiere. ¿Cuántas veces he visto en todo este tiempo a Tom? Qué tipo de vida tendríamos... Me paso las manos por la cara, como limpiando recuerdos. Al cerrar la galería ya he tomado una decisión. Tom ahora estará volando rumbo a cualquier lugar y yo no puedo saber cuando volveremos a vernos. Le diré a Eduardo que me voy con él a donde le trasladen. Empezaremos juntos de nuevo en otro lugar.

Eduardo en el Retiro
Aparco por aquí y caminaré un rato para aclararme la cabeza. Si cuando acepté el trabajo de los ingleses hubiera sabido todo lo que iba a significar. Pero la vida nunca avisa. En aquellos tiempos yo quería un cambio radical. Jugar a los matrimonios con la rubia me pareció lo bastante distinto. Y aquí seguimos los dos. Bueno, los tres. Cómo habré podido permitir que las cosas lleguen hasta este extremo. Pues porque Brenda ya es mi otra mitad. Jamás me había compenetrado tanto con una mujer. Pero el tema de Tom... Aceptaré la oferta de Sudamérica. Otro punto y aparte en mi vida, y vía libre para Brenda y Tom. Las mujeres no son mi punto fuerte. Qué se le va a hacer.

Tom en el aeropuerto
Ahora es el momento de echar un vistazo al dossier, mientras espero el avión que me llevará a mi nuevo destino. Cigarrillo, sorbo de whisky. Veamos. Mozambique, reza el membrete de los papeles.
Ayer no nos despedimos, Brenda. Tú odias despedirte. Como siempre, no me preguntaste nada. Ni yo hubiera podido decirte nada. Oye, y si doy media vuelta. Y si no subo al avión. Y si saco dos billetes para Australia y mando al chófer a por ti.

9 comentarios:

  1. genial, he disfrutado tu entrada mucho. Mucha "chispa" tiene tu relato y te atrapa desde las primerras palabras. Estupendo.

    Un beso

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. Gracias Milu. Me alegro, esa era la intención

      Suprimir
  2. Me gustan estas historias cruzadas.
    Es como si los viera.

    ResponderSuprimir
  3. Hay tantos trazos de cotidianeidad en este relato que no sé por cuál decidirme! Todo y nada. Todo o nada. Al mismo tiempo...

    Me corona leer tus historias. Y aprendo. Gracias.

    Un beso.

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. Concha, me encanta relatar la vida cotidiana, me parece llena de sugerencias. Ya te dije que yo también aprendo mucho de tí. Gracias.

      Suprimir
  4. Siempre me recordó a short cuts... solo que con un poco de James Bond jajajaj

    Besicos

    ResponderSuprimir
  5. me ha encantado! y el anterior/siguiente (los estoy leyendo hacia atrás) también! besossss, escritora. Anna

    ResponderSuprimir